La respuesta correcta era LOS OJOS.
Al cambiarse de vagón, Ana vio que habían llegado a París, y una mujer le mostró otra caja con una nueva adivinanza:
que te da en la cara
y no lo ves?
La respuesta correcta era EL VIENTO.
Al cambiarse de vagón, Ana vio que habían llegado a la India. En esta ocasión, fue un anciano quién le ofreció una caja azul a cambio de adivinar una nueva adivinanza:
y no se moja.
¿Qué cosa es?
La respuesta correcta era LA LUNA Y SU REFLEJO (¡los que habéis pensado en LA LUZ también valdría!).
Al cambiarse de vagón, Ana vio que habían llegado a un país frío y con grandes montañas de América. Desde el tren, podía ver las ruinas de una antigua construcción de piedra en forma de pirámide. En esta ocasión, fue una niña llamada Luz Azul quien le preguntó la siguiente adivinanza:
Una sábana muy grande
que no se puede comprar;
está tan llena de manchas
que no se pueden contar.
Por cierto, ¿alguien sabe qué país de América tiene pirámides?
Al pasar al siguiente vagón, Ana vio que habían llegado a Canadá. Entonces se le acercó un chico algo mayor que ella y le propuso la siguiente adivinanza:
La paloma blanca
del cielo bajó
y cubrió la tierra
con su cobertor.
La respuesta correcta era LA NIEVE.
Desde el siguiente vagón, Ana veía un tierra seca y amarillenta, con un cielo dominado por el sol. Entonces se le acercó una anciana llamada Ma Ndongo y le propuso la siguiente adivinanza:
Por delante y por detrás
siempre lo mismo verás;
ni al derecho, ni al revés,
más, si él no está, tú no ves.












